Se alquila una pluma; el cinismo de la corrupción

revistafeliciano.jpg

Feliciano Hernández es de los pocos periodistas honestos que hay en México. Ha ejercido su profesión con comentarios verticales y apegados en investigaciones. Su posición, por lo tanto, es incómoda para cualquier (o cualquiera) que se esconde con cinismo en el oficio, amparado(a) con títulos académicos, nombres de universidades y mega curriculum. Feliciano recientemente fue despedido del diario El Universal, el más influyente en México y con la página más visitada en los dominios (puntos emequis), por razones que él explica en una carta enviada al director general de ese diario, Juan Francisco Ealy Ortiz. Esta es una denuncia mundial por razones que medran al oficio periodístico honesto y les presento aquí la carta completa. Ustedes juzguen y den sus opiniones al respecto, que bastante le hacen falta al autor de la misiva:

Al Sr. Juan Francisco Ealy Ortiz

Presidente y Director General de El Universal

Apreciable don Juan Francisco:

Por este medio me dirijo a usted, con todo respeto y consideración, para informarle que fui despedido injustamente de El Universal, del puesto de Editor de Opinión que desempeñaba desde el 14 de febrero de 2005 y hasta el 23, también de febrero, de 2007. No discuto el derecho de las empresas a prescindir de los servicios de quienquiera que sea, pero el motivo de mi gran inconformidad es que me considero víctima de un atropello en el fondo motivado por mi desempeño como periodista, lo cual es del interés público, y asumo que fue sin su conocimiento: el hecho es que fui sujeto de una represalia por algo que bajo mi firma se publicó tiempo atrás y en otro medio.

Le adjunto a esta carta copia de un reportaje firmado por su servidor y copia de un artículo firmado por la doctora Rossana Fuentes-Beráin, quien llegó a finales de octubre a la dirección de Opinión de El Universal, y por lo tanto jerárquicamente como mi jefa inmediata.

Le ruego, y de antemano agradezco, que pueda revisar esta información periodística referente a una denuncia penal contra un destacado empresario.

Muy independientemente de ese caso judicial, mantenido durante años como algo confidencial, el hecho es que mientras el reportaje revelaba una denuncia contra un personaje del mundo de los negocios (el reportaje Pez Gordo, publicado en febrero de 2004, en el periódico del Club de Periodistas Voces del Periodista, firmado por este servidor e ilustrado con una foto del empresario aludido, tomada de una revista en inglés donde aparecía en portada el artículo escrito por Rossana Fuentes-Berain El Hombre del Año) la también profesora e investigadora del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y subdirectora de la revista Foreing Affairs en español, editada por ese instituto, se refería así al hombre de la portada. “Filántropo, visionario, apasionado y romántico”. Así lo definió, y estaba en su derecho, lo cual es entendible si se considera que ella se refería a su patrón.

El material periodístico que le remito exhibe claramente a la directora de Opinión de El Universal, Rossana Fuentes-Berain, en los intereses que sirve y protege. Este es el verdadero motivo por el cual la también comentarista en Televisa, pidio mi despido como editor de Opinión de El Universal. La doctora Fuentes-Berain está en su derecho de alquilar su “pluma” a quien se la compre, pero no tiene ningún derecho de reprimir a quien piense distinto.

En mi caso, la doctora Rossana violentó las más elementales normas éticas que ella dice defender: el derecho a la información, el derecho a la libertad de expresión, el derecho de todos a disentir en una democracia, la obligación de todo periodista de corroborar los datos, el principio de tolerancia que nos debemos entre todos y más que nada entre pares (aunque seamos dispares).

Como ella no encontraba pretexto en mi desempeño laboral en El Universal, la doctora Fuentes-Beráin me acusó calumniosamente de colaborar para otros medios, de violentar el código de ética del periódico, de haber usado la credencial del mismo para presentarme como reportero y entrar sin pagar a la exposición privada Asesinos seriales, del Museo de la Policía (en Victoria y Revillagigedo), sólo porque así le dijeron por teléfono; me acusó de usurpación de funciones, porque “ella no me había encargado ningún reportaje y yo era editor, y además ella quería que estuviera dedicado de tiempo completo a las labores propias del cargo”; me acusó de quien sabe qué más, sin pruebas, sin ordenar una investigación y omitió el más elemental principio de todo reportero –y ella dice serlo-: corroborar los datos, investigar la seriedad y sobre todo gravedad de una acusación, con mayor razón contra un periodista.

La doctora me aplicó juicio sumario. Simplemente. Antes de todo quiso evitarse complicaciones: “¿Te quieres ir de reportero? ¡Vete! No tengo inconveniente. Vamos a ponerle fecha”. Literal. Eso fue lo que me dijo el 19 de febrero. Ante mi negativa, una semana después, el 23 del mismo mes, el jurídico de El Universal me explicó muy cortesmente. “Lo vamos a liquidar conforme a la ley. Esto es lo que le toca. Firme aquí.”

Por supuesto que ante usted, ante el código de ética de El Universal y el que muchos periodistas sí aplicamos -yo he sido durante casi 20 años reportero y colaborador en varios medios impresos, sin una sola acusación de ninguna índole que ponga en duda mi honorabilidad como periodista-, y ante la opinión pública rechazo rotundamente los infundios que haya hecho la doctora Rossana, y no tiene pruebas y no las tendrá porque no existen. Porque el único dicho de una persona malhumorada a la que se solicitan datos para un artículo periodístico no debe valer para acusar a ningún periodista ni reportero, y menos para solicitar su despido, sin atender a la gravedad de los hechos, sin ordenar una investigación, sin darle derecho a una defensa, ella que dice ser integrante del prestigiado Comité de Protección a Periodistas, de Nueva York. Sólo eso faltaba.

Finalmente, señor Ealy Ortiz, sostengo que durante mi desempeño por tercera ocasión en El Universal (la primera fue como reportero en El Grafico, en los años 90-92 y en el 94) me conduje con la mayor probidad que se pueda exigir a todo periodista (informé sobre asuntos delicados y nunca hubo un desmentido), y en eso he sido muy exigente, de lo cual espero que muchos que me conocen puedan dar testimonio.

La directora de Opinión de El Universal llegó ahí para meter a todos sus amigos, como lo hizo desde que entró al periódico, excluyendo a algunos colaboradores y comenzando a hostigarme, al punto de que ni siguiera el saludo me contestaba. Pero la doctora Fuentes-Beráin y este reportero sabemos el verdader trasfondo de este despido injustificado: su celo por proteger los intereses de algunas familias millonarias. Sólo me queda atenerme a la justicia divina. “Con la vara que midas serás medida”.

Para mí este es un caso abierto

Quedo a sus distinguidas órdenes para cualquier abundamiento o aclaración sobre el particular.

Con mi mayor consideración

Lic. Feliciano Hernández

 

Anuncios

Publicado por

bakará

Periodista GNU, en reposo.

Un comentario sobre “Se alquila una pluma; el cinismo de la corrupción”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s